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  • Lucía Gonçalves

¡Mamá, me voy a vivir a Nueva Zelanda!

Esta frase es cada vez más recurrente en jóvenes aventureros que buscan una nueva experiencia en sus vidas y muchos papás ya sufrieron al escucharla.

Si sos uno de esos jóvenes que todavía no se anima a contarle a su familia o un papá o mamá que fue "victima" de estas palabras, ¡este artículo es para vos!, para que te sientas acompañado en esta nueva etapa de tu vida. Hoy van a conocer a cuatro mamás que una vez escucharon esta frase y sobrevivieron a ella para hoy contarnos su experiencia.


Ellas son: Clara Duvós (mi mamá por supuesto), Rosario da Rosa (mi querida suegra que tiene dos hijos en Nueva Zelanda), Sylvia y Rosana Arzaguet, hermanas que tienen cada una un hijo en tierras kiwis.


La primera pregunta que les hice fue la siguiente:


¿Qué fue lo primero que pensaste cuando tu hijo/a te dijo que se iba a NZ?


Mamá respondió: "lo primero que pensé es qué habíamos hecho mal con mi esposo para que nuestra hija se quisiera ir. Después pensé que una vez que se recibiera iba a cambiar de opinión y no fue así. Estaba preocupada y me sentía triste".


Algo similar sintió Sylvia, que no solo se alejaba de su hijo sino de sus nietos y su nuera: "sentí un dolor en el pecho terrible pero sabía que no podía decirle quedate acá porque no podía brindarle lo que él y su familia necesitaban. No solo en lo material sino también en seguridad y reconocimiento a su propio trabajo".


Mientras que Rosana lo tomó mucho mejor: " me sentí feliz cuando Martín me dijo que se iba a Nueva Zelanda porque era un sueño que tenía desde hace mucho tiempo. Lo apoyé en todo lo que pude".

Con mi familia en Nueva Zelanda

¿Cómo fueron los primeros meses con tu hijo/a del otro lado del mundo?


Todas extrañaron muchísimo los primeros meses. Rosario expresó: "parece que aunque no los veas si están en Montevideo están 'ahí nomás', en cambio saber que están tan lejos te hace sentir más la separación.


Sylvia estaba muy angustiada, ni siquiera quería pensar en la situación.


Para Rosana fue duro: "era la primera vez que se iba de viaje y se iba lejos. Yo estaba preocupada porque le costó acostumbrarse al clima, estaba con personas que no conocía y extrañaba mucho. Ese año pasó Navidad solo y fue muy difícil".


Por último, para mi mamá fue más difícil: "los primeros días fueron de angustia ya que no pudieron llegar a Nueva Zelanda y se quedaron en Chile [conocé nuestra historia]. Estábamos a dos días de hacer nuestro ansiado viaje a Europa. Emociones encontradas porque si bien no queríamos que se fuera nos apenaba que se frustrara su tan planificado y deseado destino. Al año los visitamos en familia y conocimos ese país maravilloso, pintoresco, seguro y tranquilo. Conocer la casa, su rutina y el hermoso paisaje que los rodeaba nos dio tranquilidad. Desde ese momento si Lucia estaba feliz, era lo que contaba y la apoyamos".

Rosana visitando a Martín, Tati y Salva

Más allá de que te gustaría tenerlo/a cerca, ¿creés que valió la pena este cambio rotundo en su vida?

Para todas el gran cambio de sus hijos fue positivo. Sylvia a pesar de que sigue extrañando está tranquila porque Alejandro y su familia están bien, contentos y realizados.


Para Rosana valió la pena porque Martín se fue con una meta y pudo cumplirla. Ahora tiene una hermosa familia, una compañera invaluable y eso la deja muy contenta.

Rosario también cree que el cambio fue positivo porque siempre se crece conociendo y viviendo en otro lugar con otra cultura.


Para mamá también valió la pena: "creo que maduró en todo sentido, valoró los afectos familiares y aprendió a ser más comunicativa ya que de ella dependía forjar su futuro en ese nuevo país. ¡Y aprendió a cocinar!".


Ahora que conocés el lugar donde vive y la vida que lleva, ¿qué podrías decirles a los padres que están enfrentando esta situación y tienen miedo por el futuro de sus hijos?


El consejo de mi mamá es que estén tranquilos ya que es un país del primer mundo: "no hay delincuencia y se respetan las normas de convivencia. Los kiwis son honestos y educados, aunque no muy simpáticos. Dejan la puerta de casa sin llave. Trabajan y lo que ganan les alcanza para vivir bien y si son austeros como Lucía, pueden ahorrar. La calidad de vida que tienen no la podrían tener en Uruguay".


Sylvia dijo que si hay un lugar donde vale la pena trabajar y vivir es Nueva Zelanda: "es muy difícil cambiar nuestra cabeza pero los jóvenes sí pueden. No les corten sus alas".


Mientras que Rosana contó lo siguiente: "cuando conocí dónde vivía y cómo era su vida me sentí muy feliz. La gente en Nueva Zelanda es muy educada. Ahí tiene una vida que quizás acá no la puede tener. Me siento muy orgullosa de él, lo que ha logrado, aprendido, madurado. Feliz con la decisión que tomó.


Por último Rosario dijo: "es su proyecto, su camino, su vida, no la de sus padres. Seguimos siendo familia, seguimos con los sentimientos intactos a pesar de que su proyecto de vida haya puesto tanta distancia entre nosotros. No tenemos miedo por el futuro, llega igual, y en todo caso Nueva Zelanda es una muy buena opción de futuro".

Sylvia con su nieto Santiago en Nueva Zelanda

¿Te parece importante que los jóvenes dediquen tiempo a viajar? ¿Por qué o por qué no?


"Para nuestra generación viajar no fue una opción como sí lo fue para esta y tienen que aprovecharlo. Viajar y conocer lugares, gente y culturas diferentes te hace crecer, te amplia los horizontes, te muestra las cosas desde perspectivas diferentes" afirmó Rosario.


Para mamá es importante conocer otras culturas y costumbres para valorar lo nuestro: "hacen amigos, disfrutan, viven el hoy, ya habrá tiempo de preocuparse por el futuro".


Sylvia cree que viajar es la mejor universidad aunque no todos se animan o lo sienten necesario.


Mientras que para Rosana es importante que salgan, que conozcan: "viajar te abre la mente, te quita prejuicios, te hace madurar. Pero lo que me parece importante es que se propongan una meta, veo que hoy los jóvenes viajan por el hecho de viajar, que no está mal pero los años pasan, hay que tener una meta, un proyecto de vida para el día de mañana decir “¡lo logré!”".

Con Bruno, Cecilia y su familia en Nueva Zelanda

Como pudieron leer, para ninguna de nuestras mamás fue fácil aceptar que decidiéramos rehacer nuestras vidas en otro país pero tarde o temprano nos apoyaron.


¡Si te estás por venir a Nueva Zelanda no olvides compartir este artículo con tu familia!

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Sobre mí

Podría contarles quién soy de una manera muy aburrida, me llamo Lucía Goncalves, soy de Uruguay, tengo 27 años y soy Licenciada en Comunicación.

 

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